Policía baleado

ES DE VILLA ELVIRA Y PRESTABA SERVICIO EN SAN JUSTO. PERMANECE GRAVE

Lucas Paredes (23) es de Villa Elvira y siempre quiso ser bombero. Pero tuvo que entender que, antes, debía ir a la escuela Vucetich, luego trabajar en la calle como policía y recién después empezar a especializarse. “El problema es que, recién recibido, lo mandaron a la guerra”, destacó su madre en referencia al contexto en el que el viernes a la madrugada le pegaron un balazo en la cabeza por el que todavía sigue en coma.
Lucas Paredes tiene 23 años. Su sueño es ser bombero. Ahora está internado en el Churruca
Lucas era uno de los cuatro efectivos que, cerca de las 2.30 de esa noche, patrullaban la localidad de San Justo, en el partido de La Matanza, lo que en la jerga se conoce como una de las “zonas calientes” de la inseguridad.
A él y a sus compañeros les dieron la orden de salir a perseguir a un Volskwagen Gol azul, cuyos ocupantes se habían negado a frenar en un control. “Mi hijo estaba haciendo la ronda habitual y vieron a un auto que pasó muy rápido”, indicó Alejandra Accetura (45), madre del joven agente.
En la persecución participaron tres patrulleros. Uno de esos los manejaba Lucas. Su operativo se extendió unas pocas cuadras, hasta la ruta nacional 3 y la calle Centenera, cuando uno de los móviles chocó la parte trasera del Gol y lo hizo estrellarse contra un poste.
Era el comienzo de la tragedia: fuentes policiales contaron que los tres delincuentes bajaron del auto y uno de ellos comenzó a disparar contra los policías con un arma larga tipo carabina, por lo que se inició un tiroteo. En plena balacera, uno de los proyectiles le dio en la cabeza a Paredes. De los otros oficiales, uno recibió un tiro en una pantorrilla, una mujer policía fue alcanzada por un balazo en un tobillo y otra sufrió golpes en el cuerpo.
El delincuente que tiraba sufrió un balazo en la zona lumbar, y sus dos acompañantes mujeres salieron ilesas. Todos quedaron detenidos. Lucas fue llevado de urgencia al hospital Churruca, en la zona sur de Capital, inconsciente y en una situación desesperante. El tiro “le atravesó todo el hemisferio izquierdo del cerebro, el que controla todo, y la bala quedó alojada a nivel occipital”, explicó Alejandra con claridad médica.
Al joven lo operaron y lograron sacarle algunas esquirlas, a la vez que lo estabilizaron. Su madre destacó que “sigue crítico pero por lo menos está igual, es positivo que no haya empeorado en estas horas”.
La situación es aún dramática porque Lucas continúa sumido en el coma y “parece que su recuperación va a ser para bastante tiempo, se espera que pueda salir de a poco”, anticiparon los profesionales.
Alejandra destacó la atención médica y el acompañamiento de los colegas de su hijo. Pero fue muy crítica respecto de por qué Lucas estaba trabajando en esa zona con tan poca experiencia.
El muchacho entró a la Vucetich en marzo y lo egresaron en agosto: “Apuraron todo por las elecciones”, le dijeron a la madre. El primer destino que le indicaron cubrir, a sólo una semana de su graduación, fue la de hacer guardias nocturnas en La Matanza.
“¿Cómo se entiende algo así, en un chico sin experiencia? Es como si lo mandaran de golpe a la guerra”, comparó Alejandra.
Lucas aún desconoce el apoyo de sus amigos y familiares para que salga adelante. Y sigue lejos de su barrio platense, casi tanto como aquella noche en la que casi lo matan en pleno trabajo.